HÉROES INOLVIDABLES

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Morir entre el sol y el asfalto

El Periscopio

A las víctimas hay que ponerles cara, hay que ponerles vida: la que tenían. Pues bien, se llamaba Rafael Luque, tenía 54 años, una esposa y dos hijos –un chico y una chica–. Muchos amigos y vecinos de Arahal, Sevilla, que hoy están desolados. Este miércoles falleció tras haber pasado el día en el tajo echando asfalto a la carretera A-406 en Morón de la Frontera, a 27 kilómetros de su casa. Llegaron a registrarse 45º  en la zona, que aumentan por efecto del calor del propio alquitrán caliente que se pone en 170º. Los compañeros del fallecido, cualquier persona con sentido común, dicen que “es inhumano trabajar con estas temperaturas”.

Los compañeros relatan a AionSur.com que entraron a trabajar a las 7,30 horas de la mañana, a las 18.00 pararon porque se les había terminado el agua y el propio Rafael se acercó al bar donde suelen comer…

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A OTRO PERRO CON ESE HUESO

EL BLOG DE CARLOS

La cobertura mediática y política dedicada a la memoria del que fuera concejal del PP, Miguel Ángel Blanco, no tiene parangón con los minoritarios homenajes que se ofrecen a otras víctimas de la organización armada ETA, del GAL, del GRAPO o de los numerosos grupos de asesinos nostálgicos de Franco y la Falange.

Se supone que el dolor de las familias ante la pérdida de un allegado, es el mismo, aunque los responsables de tales muertes violentas son tratados, mediática, política, policial y judicialmente, bajo un baremo completamente diferente.

La guerra sucia contra ETA (que no era sino terrorismo de estado, puro y duro) originó decenas de víctimas (¿verdad, Felipe González Gal?) a las que rara vez los medios periodísticos dedican comentarios o menos aún editoriales.

Los cada día más inmorales diarios, emisoras de radio y TV, exhiben una doble y miserable moral, un irrespeto a la deontología profesional que…

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Sanidad Pública: Las listas de la desesperación.

Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras de Granada - Granada

Esperar hasta desesperar. Esta es la consigna que debe seguir todo aquel que
toca la puerta de la consulta de cualquier especialidad de la sanidad pública. A pesar de
que estamos en un estado de bienestar, o eso es lo que nos dicen, las largas listas de
espera están clamando a gritos que nuestro sistema sanitario es el primer enfermo que
hay. Y como el resto de pacientes, está a la espera de que lo atiendan.
Además del exceso en los tiempos de espera, hay otros síntomas que indican una
mala salud, como pueden ser la falta de transparencia y el patrimonialismo. Y todo esto
nos lleva a un sistema moribundo, que se adolece de una manipulación como la que
George Orwell esbozó en su novela distópica 1984. Como si hubiéramos caído entre las
páginas del libro de Orwell, existe en la Administración un Gran Hermano (insistimos,
hablamos del universo…

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