Chalchihuitán y Chenalhó: ¿Una masacre anunciada?

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Foto: Frayba

“Estamos sufriendo mucho. Se quemó mi frijol y mi maíz, se quemó mi casa, ahí se quedó mi marranito, mis pollos. Ahora ya no tengo nada. Estamos sufriendo con mis hijos, estamos sufriendo mucho, estamos sufriendo de hambre.”

Estas son algunas de las palabras de una mujer tsotsil entrevistada por el padre Marcelo Pérez Pérez, párroco de Simojovel, Chiapas, a finales de noviembre. Ella tiene dos hijos pequeños y ahora no tiene casa, duermen en la montaña, donde en la noche la temperatura baja a veces a menos de cero grados. No tienen cobijas, no tienen alimentos. Perdieron todo, no saben qué hacer y viven con el miedo constante por los disparos de armas de alto calibre que se escuchan todos los días y todas las noches.

Como ella, casi 6 mil indígenas tsotsiles (5023 de Chalchihuitán y 950 de Chenalhó) sobreviven en las montañas de Los Altos…

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Morir entre el sol y el asfalto

El Periscopio

A las víctimas hay que ponerles cara, hay que ponerles vida: la que tenían. Pues bien, se llamaba Rafael Luque, tenía 54 años, una esposa y dos hijos –un chico y una chica–. Muchos amigos y vecinos de Arahal, Sevilla, que hoy están desolados. Este miércoles falleció tras haber pasado el día en el tajo echando asfalto a la carretera A-406 en Morón de la Frontera, a 27 kilómetros de su casa. Llegaron a registrarse 45º  en la zona, que aumentan por efecto del calor del propio alquitrán caliente que se pone en 170º. Los compañeros del fallecido, cualquier persona con sentido común, dicen que “es inhumano trabajar con estas temperaturas”.

Los compañeros relatan a AionSur.com que entraron a trabajar a las 7,30 horas de la mañana, a las 18.00 pararon porque se les había terminado el agua y el propio Rafael se acercó al bar donde suelen comer…

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A OTRO PERRO CON ESE HUESO

RE-EVOLUCIÓN

La cobertura mediática y política dedicada a la memoria del que fuera concejal del PP, Miguel Ángel Blanco, no tiene parangón con los minoritarios homenajes que se ofrecen a otras víctimas de la organización armada ETA, del GAL, del GRAPO o de los numerosos grupos de asesinos nostálgicos de Franco y la Falange.

Se supone que el dolor de las familias ante la pérdida de un allegado, es el mismo, aunque los responsables de tales muertes violentas son tratados, mediática, política, policial y judicialmente, bajo un baremo completamente diferente.

La guerra sucia contra ETA (que no era sino terrorismo de estado, puro y duro) originó decenas de víctimas (¿verdad, Felipe González Gal?) a las que rara vez los medios periodísticos dedican comentarios o menos aún editoriales.

Los cada día más inmorales diarios, emisoras de radio y TV, exhiben una doble y miserable moral, un irrespeto a la deontología profesional que…

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